Un cambio en la idea que se tiene de la inteligencia provoca un cambio en toda la cultura. La inteligencia de la que se habla en este libro no es la que nos permite obtener matrículas y sobresalientes, o resolver problemas teóricos, o escalar hasta la cúspide de la pirámide social. A veces, también es eso, pero generalmente no necesita de situaciones tan extremas para manifestarse. La inteligencia vital es la que, encarnada en traje de faena, sale al encuentro de la realidad para hacer la vida más digna de ser vivida. Es una inteligencia ética que se preocupa por la felicidad del otro. "Tu felicidad es mi felicidad, mi felicidad es tu felicidad". La felicidad, como la verdad, no es una cuestión personal. Es una cuestión que afecta a la humanidad. La inteligencia vital lo sabe y actúa. Los problemas verdaderamente importantes, existenciales, a diferencia de los matemáticos, no tienen una solución forjada de antemano, la solución se crea en la práctica. Los inteligentes vitales –libres, responsables, empáticos, autodidactas, solidarios, bondadosos– lo saben y obran en consecuencia.